viernes, 14 de mayo de 2021

Rito Ramírez, el agüero,

 Rito Ramírez, el agüero. Personaje popular.


Oswaldo Manrique R.


         En nuestra labor, reivindicamos un grupo de personajes populares, bastantes conocidos por nuestros pobladores, que han dejado hazañas, relatos, peripecias, humor, gente sencilla, graciosa, llenos de encanto, muy típicos de nuestros pueblos andinos. En su mayoría trabajadores del ámbito urbano-rural, hijos de familias campesinas, algunos llegaron a formarse en el cuartel militar, otros lo hizo la misma vida  en su deseo de superación. Su sencillez se identifica con solidaridad; en muchos casos, en las calles, plaza, templo, algún paraje, en celebraciones y fiestas populares era muy común encontrarse con ellos. Han sido protagonistas de su historia íntima, conjugada con el protagonismo en acontecimientos de la localidad, cuyos relatos quedan para la posteridad, pero que siguen siendo historia, aunque no se adecuen a la concepción científica del término.  Uno de ellos, es nuestro “agüero”, Rito Maria Ramírez.


Rito,  y sobre él su sombrero.  


También pintoresco personaje. Pausado, serio, silencioso el estereotipado Rito Ramírez, que así era su nombre, se le conocía y le decían simplemente Rito “el agüero”. Trabajó en la instalación de las tuberías del pueblo de La Puerta y conocía toda su distribución; fue el encargado del agua durante muchos años. Según información -sin confirmar-, de un pariente, había nacido en El Vigia, estado Merida.Tenía como ayudante a su hijo: Antonio Ramírez, a quien le decían popularmente el “Dientón”, otro personaje polifacético, mecánico, electricista, albañil,  quien fue destacado dirigente copeyano, hombre culto y de buen verbo. A Rito el agüero,  lo caracterizaba el uso de un sombrero que contrastaba con su figura quijotesca. El sombrero de paja, medía no menos de medio metro de diámetro. A todas partes iba con aquel holgado y grande ovalo tejido de paja. Era muy retratado por los turistas, con quienes gustosamente se sacaba fotografías en las inmediaciones de la plaza, y fue su estampa, fijada en obras pictóricas de artistas puertenses y trujillanos. Su nombre completo es Rito Antonio Ramírez Arias, se casó con Carmen Julia Ramirez, con quien procreó once hijos, de los que queda una sola hija viva, de nombre Baudi.  Murió de insuficiencia cardíaca, en el 2002. 

Hace poco, se tuvo la oportunidad de conversar con Baudi Ramírez, la única hija de Rito que queda viva. También vive una hermana de él, de nombre Juana Ramírez, quién está residenciada en Caracas. Nos dió información de su padre, recordando que fueron muchos años los que trabajó como agüero. Luego, fue el Marcador del Cementerio Parroquial, un tiempo fue jardinero de la plaza Bolívar. 

Se acordó que, cuando Rito conversaba con las hijas, les contaba que había nacido en Timotes, que era descendiente de indígenas y se consideraba uno de los últimos Timoto puros. También, que en su cotidianidad, se le escuchaba su frase de responder a diario, cuando alguien lo saludaba, Rito María como está, respondía: <<seco y tostado>>, como forma de decir, normal, sin echarse un palo, pero con ganas. Recuerda la misma Baudi, que era un hombre de gustos sencillos, cuando le preguntaban qué quería comer, siempre respondía <<huevo, arepa y café>>, para él eso era suficiente como comida. 


El Alcalde, fuente de agua pura y cristalina.

Un antiguo hacendado de nuestra comarca, escribió sobre el tema del acueducto de La Puerta, lo siguiente: <<A una distancia de unos trescientos metros de…la población y muy cerca al extremo sur de la calle Páez… un pequeño bosque, denominado El Alcalde, donde se encuentra una vertiente de agua pura y cristalina que durante muchos años fue…surtiendo al acueducto del pueblo. Hasta 1936, el agua corría por una acequia que atravesaba solares hasta llegar a la Plaza y de allí continuaba  hasta donde termina el poblado. Quienes querían surtirse…la tomaban de la acequia  libremente…bajo la administración regional de Luis La Corte, se realizó la construcción del nuevo acueducto, sin embargo, expresó sus aspiraciones de que se conservara la fuente de agua de “El Alcalde”, como un auxiliar importante del acueducto, ya que eran conocidas las magnificas propiedades de esta agua pura, que durante siglos había sido consumida por los habitantes de La Puerta>> (“El Alcalde”, encontrado en: Abreu, José Rafael. La Puerta, un pueblo. Caracas.1969). Luis La Corte, fue gobernador de Trujillo, entre 1959 y 1963.

Sirva esta pequeña crónica, para recordar esa bella estampa de la desaparecida fuente ancestral de agua pura y cristalina, y de un servidor público como lo fue el agüero Rito Ramírez, fallecido hace unos pocos años.

La Puerta, abril 2021.

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jueves, 13 de mayo de 2021

Concio Rivas, Cantor de Las Siete Lagunas

El taita Concio Rivas, Cantor de Las Siete Lagunas.


Oswaldo Manrique


¡Respire profundo y puje que ya va tar!


Fueron las palabras que le dijo la partera vecina. La india Juana Paula, cerraba los ojos y le chorreaba sudor en la cara, cada vez que sentía dolor en su voluminosa barriga.  En su casa en Los Berros, cerca de las lagunas, habían preparado todo para el advenimiento, la partera atenta a los movimientos de la parturienta. Minutos antes, se había levantado del catre donde estuvo sentada. Había sentido una punzada en la espalda, y enseguida un liquido que se deslizaba por sus piernas. Fue cuando llamó a Aracelis, le pidió que la ayudara, ya era la hora. Comenzó a pasar al cuarto las sabanas, agua, alcohol y las otras cosas para recibir al nuevo vástago. Se tranquilizó un poco, al paso de las suaves contracciones. 

El ambiente en el Paramo de La Puerta, durante el mes de diciembre no es grisáceo, ni blanquecino ni oscuro como en otros lugares; por ese  mes, adquiere un excepcional color brillante, que contrasta con el claro verdor de su paisaje y el iluminante azul de su cielo. En la noche, aunque no estaban convocados para el evento, algunos vecinos y familiares se acercaron a Los Berros, unos reunidos en la sala, conversando y riendo, mientras las mujeres se apiñaban en la cocina, alrededor del fogón, preparando mucho café y mucho guarapo de panela.

Sus caderas soportaban esas sensaciones fuertes, lacerantes y calientes.  Comenzó a dilatar y cada cierto lapso la revisaba la partera. Las contracciones se tornaron más intensas. Estaba semisentada.  Confiaba en la esposa de Rafael Aranguren,  partera del caserío. Esta le afirmó que ya la criatura se comenzaba a ver, y le pidió que dejara de pujar, que no pujara más. Soñaba con él, ansiaba  verlo, saber cómo era. Salió Concio, lo recibe la partera sonriente, lo revisa, lo alza para enseñarlo, es  humano. Abrió los ojos, se lo entregó a la madre, abrigándolo, inmediatamente comenzó la búsqueda del calostro, que lo mantendrá en contacto con ella. Lo comenzó a amamantar. Llegó el ser que se convertiría en el eje de la familia, lo llamará José Concepción, porque ya tenía un Jesús, que era el padre, el ex montonero liberal. Era de madrugada con brumoso y helado tiempo. Parto normal.  Juana, después de parir, entró en un letargo placentero y tranquilo que pudo disfrutar al canto que le susurraba al oído a su criatura, solo por esa vez>> (Extracto de nuestro libro"Relatos y cuentos del Páramo de La Puerta" 2015). 

Uno de los personajes más simpáticos y polifacéticos, que persiste en la tradición oral de nuestra comarca, lo es el "taita" Concio o el "Bachiller" Concio, como también lo llamaban. Su nombre José Concepción Rivas,  nació el 17 diciembre de 1916, en la posesión Los Berros, en el propio páramo de las Siete Lagunas, jurisdicción de La Puerta, estado Trujillo en Venezuela. Pertenecía a las primeras familias indígenas y mestizas que se asentaron en este lugar. Aprendió a leer en la rudimentaria escuela del maestro Mateo Valero, en el llano de la Lagunita. 


En esta fotografía se puede observar a Jose Concepcion Rivas, con su uniforme militar, cuando tenía unos 25 años de edad. 



Después de azarosas huidas de la recluta militar, a los pocos años lo agarró la de los chácharos gomecistas. Estuvo en el Cuartel de Infantería Libertador, de la ciudad de Maracaibo, luego lo trasladaron al Cuartel de Lagunillas, con responsabilidad siendo sargento primero del Ejército Nacional. Una noche que conversábamos de muchachos con él, con su pie montado en un lateral del fogón y quitándose de vez en cuando su felpudo  sombrero, nos contó lo que presenció y vivió, en su época de soldado, uno de los sucesos más trágicos de la Venezuela petrolera, el incendio y desaparición de Lagunillas de Agua, en el que hubo miles de muertos, que aún no hay cifras ciertas y menos aún, se han determinado las causas del mismo.

Caminó la mayor parte de su vida, en su instinto natural y metodológico de conocer y saber, se exigía explorar espontanea y autodidácticamente, más allá de los limites de los páramos.  En la primera mitad del siglo XX, la región de Los Andes, era una zona rural, de servidumbre, aislada e ignorada, de la que solo se acordaban caudillos y gobernantes, cuando requerían la soldadesca y sus riquezas.  Igualmente, recordaba como si fuese un suceso cercano, lo del siniestro aéreo de Avensa en 1950, en el Páramo, cuando la comisión de la Guardia Nacional lo sacó de su casa para que les sirviera de baqueano. Fue a regañadientes, pero cuando vio aquel desastre, buscó mulas y machos,  para el traslado de los estudiantes muertos. 

De sus muchas y simpáticas aventuras y anécdotas ha escrito Ángel González Rivas, el Guayanés.  Fue caporal del MOP, en el desarrollo de la carretera trasandina. Agricultor casi de nacimiento, comisario de caserío, coordinaba el trueque, préstamo de semilla, convites, vuelta de mano, como costumbres colectivas ancestrales del Páramo. Sacaba buen y aromático sanjonero, los curas acostumbraban a visitarlo y a tomarse un cuello corto para bajar con alegría la Cuesta de los Rondones; ese elixir de los montes, le compraba toda la producción, en la madrugada, su compadre el comerciante José del Carmen Matheus “Don Carmen”.  En edad madura se casó con María Guadalupe Ramírez Terán (1926 - 2017), nativa de las Mesitas de Niquitao, ella murió con 100 años de edad. 

Como era uno de los pocos que sabía leer y escribir en ese tiempo, su casa en el Sicoque, se llenaba los fines de semana de vecinos, las mujeres para que le redactara y escribiera carta a los hijos, hermano, al marido y hasta los novios que se habían ido a trabajar a Caracas o Maracaibo. Equivalentemente, le llevaban las cartas que recibían, para que se las leyera, por eso se ganó que lo llamaran el "Bachiller Concio". 


De pie y con sombrero, el taita Concio Rivas, compartiendo con vecinos de la comunidad del Páramo de La Puerta, Trujillo en Venezuela.


Un aspecto de su versatilidad, fue su amor por el folclore. Su afición a la música, el cantador de décimas por excelencia, el más fogueado en contrapunteos, tenia facilidad para improvisar, su nombre brilló en las fiestas de Barinas, Mérida y la zona baja. Le gustaban los tonos y pajarillos, en lo religioso, los rosarios a la virgen. Montaba bailes en los tradicionales Cantos de Navidad por diciembre, en las casas de familia, cantaba toda la noche.  Cuando lo veían llegar con su cuatro a cualquier lugar, seguro que había baile, más atrás llegaban sus pares, Ruperto Rivera, con la guitarra de cinco cuerdas, era el esposo de Felipa Ruz, sobrina del legendario coronel Sandalio Ruz. No podían faltar Emeterio Villarreal y José de los santos Ramírez, con su respectivo cuatro, Ernesto Barrios con guitarra y canto. Camilo Rivas, hermano de Concio, en la armónica, Sandalio Salcedo el violinista, Rafael Artigas con la bandolina y Concio Rivas en el canto y baile, eran la música, la fiesta y eran la alegría. 

El 19 de abril de 1978, día de libertad, bajando por los Santicos, del Páramo, alzó vuelo y emprendió viaje hacia otros espacios. 

Nota: Si está interesado en conocer más de la vida y anécdotas de éste y otros personajes, puede leer de nuestra autoría "Relatos y cuentos del Páramo de La Puerta", disponible en PDF, solicítalo por nuestros contactos.

La Puerta, mayo de 2021

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martes, 11 de mayo de 2021

Matronas del Páramo de La Puerta

 

Matronas del Páramo de La Puerta.



Oswaldo Manrique

Existen sitios que para las personas, son de agradable recordación, casi siempre el paisaje, flora, fauna. Creo que el mejor símbolo para expresar nuestro afecto a los lugares, es la propia  gente, a la que uno sigue en sus afectos, labores, valores, costumbres y su misma cotidianidad, y aun cuando perezcan, se mantienen en nuestra memoria. Eso ocurre, con los del Páramo,  ese mismo que  se encuentra enclavado una majestuosa montaña conocida como el páramo o cerro La Puerta (hoy Páramo Los Torres), hacia el lado oeste de la parroquia La Puerta. El propósito de este articulo, es ir reivindicando a las mujeres que con su esfuerzo diario, responsabilidad, fueron creando y fortaleciendo  en condiciones adversas,  la principal célula de la sociedad: la familia y además de ello, por su nobleza y su virtuosidad; las conocemos como las Matronas del Páramo.

En ese grupo, debemos comenzar por mencionar a Matilde Rivas de Villegas, quien estuvo por muchos años, viviendo en el sector La Popa, antes vivía con su esposo en Casa Quemada. Los parientes y amigos le decíamos tía “Matolda”. Fue quien donó los terrenos para construir la escuela de La Popa, y la Capilla de San Benito. Su hijo Filadelfo, fue el entusiasta promotor de la carretera agrícola que une la zona urbana de La Puerta, con este Páramo, lo que le dio empuje económico y social a los habitantes y productores de esta zona.

En la gráfica, Matilde Rivas de Villegas, en compañía del padre Sergio Tesio, y con su hijo Filadelfo Villegas.

Dentro de ese conjunto de seres forjadores de vida, recordamos a  María Bernabela Rondón Rivera, quien vivió en el sector El Llanito, luego se mudó al área urbana; era una mujer profundamente católica.

Algunos de sus visitantes llaman al Páramo como “El Llanito”, que es uno de los primeros puntos de interés turístico del Páramo de La Puerta, hoy llamado los Torres, ubicado a unos 12 Km de distancia del área urbana de la Parroquia. Tiene un pico del mismo nombre, hacia el extremo norte, su altura es de 3.536 m.s.n.m,  es considerado uno de los más altos de Venezuela. Hay mucha producción agrícola.

María Bernabela Rondón Rivera, en el templo San pablo Apóstol de La Puerta; cuando tenía 82 años.

 Igualmente, como podíamos olvidar a Petra Villarreal, esposa de Martín Salcedo, quienes vivieron e hicieron familia en el sector Los Pozos.

Petra Villarreal, matrona del Páramo.

Es necesario y obligatorio nombrar a María Guadalupe Ramírez de Rivas, a quien llamábamos“mamá Lupe” o nonita; esposa del cantautor de décimas y contrapunteo criollo Concio Rivas. Vivieron por muchos años en la posesión Xikoke (Sicoque), sitio indígena de nación Timoto. Mama Lupe, tuvo unos 14 hijos. 

Maria Guadalupe Ramirez de Rivas, cuando ya rayaba los 100 años de edad.

Una matrona que vivió una dramática experiencia en el sector San Rafaelito, vía Boca del Monte, en el Páramo de las Siete Lagunas, es María Natividad Villarreal, esposa de Oswaldo Rivero. Natividad, fue la primera mujer que llegó en forma solidaria al Cerro San Antonio, para asistir a las víctimas del accidente aéreo de Aeropostal, en 1991, sin embargo, no hubo sobrevivientes.

María Natividad Villarreal, habitante de San Rafaelito.

Otra matrona destacada, por su empeño y solidaridad comunitaria lo fue doña Gregoria Paredes, esposa del amigo Luis Villarreal (QEPD), agricultor, comerciante. Este matrimonio vivió el sector Las Mesitas, donde constituyeron una respetable familia;  hace unas pocas décadas, se mudaron al área urbana, al sector Pueblo Nuevo.

Doña Gregoria Paredes, esposa Luis Villarreal.

En forma grata recordamos a la señora Verónica Jerez, esposa de Adriano Torres, destacado labriego de nuestro Páramo, con el que fomentó una respetable familia, en el sector “La otra banda”.

Verónica Jerez, esposa de Adriano Torres.   

Incorporamos a este grupo de mujeres laboriosas de nuestro Páramo a Toña Alarcón, quien  ha vivido toda su vida en la Mesa del Aliso. Pertenece al antiguo y fecundo clan de los Alarcón. 

Toña Alarcón, en compañía de Américo.

Como homenaje justo, recordamos a doña María Cristina Salcedo de Villarreal, que habitaba junto con su familia, en el área urbana de La Puerta; una matrona bondadosa, cumplidora de sus deberes familiares y fervorosos de los compromisos con la colectividad y con la iglesia.

María Cristina Salcedo de Villarreal, en el templo San Pablo Apóstol de La Puerta, cuando tenía 97 años. 

Una de las mujeres que engrosa nuestro grupo, es Adriana Paredes, mujer de mucho temple y trabajo, colaboradora de inalterable disposición en las actividades y servicios de estas comunidades parameñas, que la hace destacar.

En la gráfica Adriana Paredes,  mujer de trabajo y páramo.

Incluimos en el conjunto de matronas, a María Zenaida Briceño, esposa de Julio Ocanto. Ella desciende del recordado y prospero comerciante y productor agrícola Serafín Briceño, nuestro deudo. Ha vivido siempre en la posesión Los Bicuyes, sitio histórico, por haber sido asentamiento indígena. 

 En la gráfica, María Zenaida Briceño, con algunas de sus hijas. 

        Cerrando este grupo de matronas de nuestra Parroquia, recordamos a la señora Aura Paredes, esposa de Blas González, hombre muy trabajador, vivieron en el sector Mesa Alta, donde fundaron respetable familia. Ella era enérgica, comunicativa y entusiasta en sus labores de madre y mujer campesina.

Aura Paredes, esposa de Blas Gonzalez.

 

La Puerta, mayo de 2021

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domingo, 25 de abril de 2021

El Padre Trejo, el gran devoto


El Padre Trejo, el gran devoto del

Dr. José Gregorio Hernández.


Oswaldo Manrique Ramírez.





Contenido:


1.- Nota introductoria.

2.- Comienzo de la devoción por el médico de los pobres en La Puerta

3.- La historia del primer Vitral en honor a José Gregorio Hernández. 

4.- El gran devoto del Dr. Hernández.

5.- A manera de Conclusión.

6.- Tabla cronológica.

7.- Consultado.



           Nota introductoria.


Este 30 de abril, los católicos y los devotos de José Gregorio Hernández, celebrarán solemnemente su beatificación. Es importante el momento en que se desarrolla este magno acto, en medio de una pandemia mundial y el estado de limitaciones económicas y sociales que está viviendo la población venezolana. Es en este contexto y se comprende, que el Papa Francisco lo haya decretado, como una forma de mitigar espiritualmente los estragos a  que esta sometida.

Es La Puerta, uno de los primeros pueblos del mundo en expresar su devoción por el Santo médico, y nos atrevemos a señalar que es el lugar donde se manifestó una de las iníciales devociones más entusiastas por este Venerable,  por su beatificación y por supuesto,  guiado ejemplarmente, por quien hay que considerar históricamente el principal devoto de José Gregorio Hernández, el padre Ramón de Jesús Trejo.

Aun cuando ser devoto no es obligatorio y menos, en un antiguo pueblo de tradición mariana, ocurrió algo especial en la feligresía local. Fue este ilustre y abnegado cura, el que fomentó el amor, la veneración y el fervor religioso por este médico trujillano de los pobres, en un tiempo en que apenas se estaban conociendo aspectos generales de su existencia y luego la lamentable muerte, como suceso que aturdió a la sociedad capitalina venezolana. Trejo, en su actividad pastoral hablaba de la vida caritativa y de entrega por el necesitado, de este laico piadoso,  y también de los favores y milagros que se comenzaban a difundir. Inclusive, en una de sus más admirables obras, el nuevo templo de la Parroquia La Puerta (anteriormente Municipio) del estado Trujillo en Venezuela, apartó y asignó un lugar hermoso, para que fuera rezado y adorado por sus fieles. Fue una labor callada, pero constante. Manifiesta la tradición oral local católica, que el Santo médico, había realizado varios milagros y favores a pobladores que se vieron abatidos por graves enfermedades y hasta de fuertes problemas personales.

Esta es una pequeña reseña histórica, de tan ilustre levita y excelso devoto del Beato trujillano, que se considera interesante dar a conocer.


        Comienzo de la devoción por el médico de los pobres en La Puerta.


        Se habla de un siglo de fe, que se ha desarrollado en Venezuela a partir de la fecha de muerte del Beato trujillano, en 1919.  En la población de La Puerta, comenzó esa devoción a partir de la llegada como párroco, del padre Trejo, quien organizó el grupo de devoción y también pro beatificación del médico de los pobres, y estimuló y guió lo relacionado con lo que es hoy esta viva fe y creencia espiritual católica, participando de sus distintas misas de reconocimiento y gratitud por favores, ceremonias, procesión y celebraciones; a raíz de peticiones, y así, se fue expandiendo la fama de milagroso del nativo de Isnotú, atribuyéndole favores recibidos por algunas personas.

Antiguo Templo de San Pablo Apóstol de La Puerta.

         Con su respetada firmeza de carácter y profundidad en sus convicciones, expresaba en lo personal, del mismo modo, su inclinación caritativa, era un hombre incansable, de mucho tesón, cumplidor de sus deberes, en cada casa de familia que visitaba, allí llevaba el mensaje josegregoriano, y a los enfermos, les llevaba palabras de aliento y consuelo, advocando y orando al médico de los desamparados. Desde el púlpito del viejo templo, enfilaba su afable y cultivada oratoria, como constante tributo al sanador de los necesitados, con lo que se fue gestando esta incipiente expectativa de fe, que se fue arraigando en nuestra comunidad.

Recordaban nuestros mayores, que el cura Trejo, al hablar de José Gregorio, notaban que profundizaba en su ser, sensibilidad y generosidad piadosa, desbordando un sentimiento puro que devolvía la fe, animaba y entusiasmaba el alma y la bondad del más escéptico de los católicos, por quien en la posteridad de su vida, iría a los altares y su devoción trascendería nuestras fronteras. Posiblemente, asumió por virtud teológica, esa causa de devoción, con dinamismo y disposición para cumplir con lo que consideró era la santa voluntad de Dios.

Cómo no sentirse entusiasmado y conmovido, al escuchar a uno de los Sacerdotes más ilustrados y cultos, a quien querían como su apóstol y conductor durante muchos años en la Parroquia, hablando apasionadamente del futuro Santo, por supuesto, fue algo novedoso para el catolicismo local. Hoy que se eleva al Dr. Hernández, a la condición de Beato, es pertinente reconocer a ese otro ser humano que tuvo la iniciativa de  fomentar la devoción por el excepcional trujillano ¿cómo podemos ser indiferentes ante este Sacerdote que fue capaz de despertar en todos los niveles de la población, ricos y pobres, ese sentimiento de respeto y devoción por quien en aquel tiempo era solo un respetado filántropo católico seglar franciscano? Fue esencialmente un ser de carne y hueso y se le conoció como el padre Ramón de Jesús Trejo. 

         La manifestación adoradora por el hoy Beato, en nuestra comarca, según la memoria oral, se inició en la década de los años 40 del siglo pasado, cuando se comenzaron a difundir noticias de él, de sus intercesiones, favores y milagros por la prensa regional y por las noticias radiales; esto, 20 años después de su trágica muerte; asimismo, en templos, como en el caso local, en que un joven Sacerdote se preocupaba desde el pulpito, hablar de este trujillano benefactor y profundamente cristiano. Se fue constituyendo, estimulado por el padre Trejo, un grupo fraterno, que aun existe, de este Santo, que le realiza sus misas y celebraciones y lo venera como Beato de Dios. Pareciera que había hecho suya, como causa de vida y consagrado a aquella promoción espiritual entre su grey, del que con el tiempo seria Siervo de Dios. De esa forma, se convirtió en el gran devoto de este Santo, que apenas –en aquel tiempo-, iniciaban su causa de beatificación.  

Cuando comienzan a realizarse desde Caracas y otras partes del país, las peregrinaciones a Isnotú, el padre Trejo organizaba participaciones y caminatas de la feligresía parroquial hacia el Santuario, al punto que ya contaba con una sociedad devota, que fue dinámica en las distintas celebraciones litúrgicas. Asimismo, será el gran devoto que diseñó y creó el sencillo y hermoso vitral que se encuentra como entrada de luz celestial, en la fachada del Templo parroquial San Pablo Apóstol; estaríamos pasando las 8 décadas de devoción. 


La historia del primer Vitral en honor a José Gregorio Hernández. 


Fue en el año 1948, cuando se comenzó a construir lo que es el actual templo de San Pablo Apóstol de La Puerta. Como promotor y constructor de la obra, había contratado a un ingeniero italiano de nombre Mazeud, lo llamaba la gente del pueblo, señor “Masó”. La idea del padre Trejo, era construir un templo amplio y moderno, con capacidad y comodidad para la feligresía que iba creciendo y los visitantes y peregrinos que estaban llegando. 

En 1949, ocurrió un hecho que le dio mayor entusiasmo e impulso a la labor del párroco de La Puerta y Mendoza, cuando se dio comienzo formalmente al proceso de beatificación para reconocer su poder divino, y en señal de ese fervor cristiano, decidió al planificar y proyectar lo que sería nuestro actual Templo, incorporar simbólicamente en forma permanente al Santo trujillano, lo que atendió el maestro y artista italiano Salvatore, encargado de realizar los vitrales de la fachada del templo San Pablo Apóstol, logrando así, una de las joyas valiosas de nuestro patrimonio artístico, cultural y religioso.

Primer Vitral dedicado al Dr. Jose Gregorio Hernandez, templo San Pablo Apóstol, Parroquia La Puerta, Municipio Valera del Estado Trujillo, Venezuela. Gráfica cortesía de la profesora Adriana Manrique. 

El señor Víctor Delgado, a quien afectivamente le decían “el Gordo Víctor”,  que trabajó en esta obra desde 1948, relató que el Padre Trejo, estaba atento en la creación del vitral, asesoraba al maestro Salvatore en cuanto a las cualidades y características del Santo, le suministró fotografías, le entregó una pequeña biografía, para la elaboración del boceto general del Dr. José Gregorio Hernández, en laminas de cartón grueso, que sirvió de modelo, al que podemos disfrutar hoy en la fachada del Templo Parroquial, y estuvo en todo corte, color, trazo de vidrio duro, y lo acompañó en la labor de armar aquel rompecabezas, unir, probar y soldar las piezas de vidrio, luego en el enmarcamiento, labor de más detalle (Manrique, Oswaldo. El “gordo” Víctor Delgado. 2019. En: lapuertaysuhistoria.blogspot.com). El cura aportó parte de su conocimiento, todo un legado iconográfico muy propio de su sabiduría.

 En su fachada principal, como imágenes de luz, hay cinco vitrales, uno de ellos está dedicado al Dr. José Gregorio Hernández.  Este sería el primer Vitral que se habría elaborado en Venezuela y por un artista italiano, bajo la dirección de un Sacerdote venezolano, en tributo a este Santo, es decir, dedicado a un seglar franciscano, que para aquel tiempo era catalogado como un filántropo de vocación religiosa, que se conocería después, como el Siervo de Dios (1972), luego Venerable (1986). Por falta de recursos, tuvo que paralizar la obra, el personal italiano que había contratado  tuvo que ir a construir casas de vecinos, en la misma Parroquia, mientras el Padre lograba algún aporte para continuarla. Realmente, del gobierno no iba a conseguir nada, siendo como era enemigo declarado de la dictadura perezjimenista. Esa imposibilidad de obtener recursos para terminar la edificación, quizás fue, lo que le generó la enfermedad, que le fue abrumando su salud.

A mediados de agosto de 1963, el Obispo de Trujillo, Monseñor Dr. José León Rojas, llamó al Padre Trejo, que tenía muchos años cumpliendo labor como párroco de La Puerta y Mendoza, y le informó que había destinado para atender a  aquella  Parroquia a un cura español, que estaba en Cuicas, que se le presentaría en los siguientes días. En efecto, el 16 de ese mismo mes y año, se le presentó el Padre Mario Castillejo, lo invitó a cenar y lo llevó a conocer el pueblo, igualmente el viejo templo de San Pablo, con su hermoso campanario, que quedó en pie pero modificado. Fueron a la construcción avanzada del templo nuevo, de lo que hablaron largo rato.

En una remembranza, el nuevo cura, afirmó que al encargarse de la Parroquia, le << preocupaba mucho la terminación del templo del pueblo, que años antes había empezado el padre Trejo… un domingo, después de los oficios religiosos, me encontraba  yo a la puerta de la iglesia junto a la baranda, y se me acerca un señor…después de saludarme me dice: “padre, yo soy Miguel Ángel Burelli.  Estoy al tanto de la gran obra que viene realizando en el pueblo y ni qué decir, estoy a su entera disposición. como hijo del pueblo he querido presentarle mi agradecimiento>> (Fragmentos del discurso dado por el cura Mario Castillejo (ex-párroco de la Parroquia La Puerta en los años 1963/1975), con motivo de la celebración del 25 aniversario de la inauguración del templo parroquial de La Puerta). El Dr. Burelli, era en ese momento Ministro de Justicia.  

Ya no se estaba bajo la bota de la dictadura militar, que hostigaba al Padre Trejo; el nuevo cura, tuvo más suerte, en conseguir la colaboración de nativos de la localidad en funciones de gobernantes, para la culminación del templo, Castillejo contó, que  << Con la diligencia del caso preparó la solicitud de obra de parte de la Parroquia y demás documentos pertinentes y ya el Dr. Miguel Ángel se había conseguido al mejor arquitecto del momento, Dr. Graziano Gasparini, quien proyectó en la forma más bella la remodelación. Y a los pocos días vimos invadida nuestra iglesia por el extraordinario equipo del constructor Giacomo Spera, especialista en ese tipo de trabajos. El y su gente, les hacían rendir a los días trabajando horas extras, suspendiendo únicamente su actividad en días domingo para que pudiéramos celebrar los oficios religiosos>> (Ídem). Sin embargo, se respetó un poco el concepto arquitectónico original del padre Trejo, entre ellos, los Vitrales de la fachada de la iglesia, y principalmente el del Dr. José Gregorio Hernández, de quien el nuevo Párroco, llegado de España,  tendría alguna información.  En los doce meses siguientes, ya habían efectuado los frisos y  remates que faltaban de la obra, para finales de noviembre de 1964, existía nuevo templo parroquial.

         El año 1965, será de gran júbilo para la colectividad católica trujillana, y también para el padre Trejo, el día 23 de enero, fue inaugurada su obra, y dentro de esa hermosa edificación, estaría para siempre, el hermoso vitral dedicado a José Gregorio Hernández.


Gráfica de un aspecto de la inauguración del actual Templo Parroquial; se observa de derecha a izquierda, al primer Obispo de la Diócesis de Trujillo, padre José León Rojas Chaparro, a su lado, el Dr. Miguel Ángel Burelli Rivas, y al cura párroco Mario Castillejo. Cortesía del profesor Beltrán Briceño.  

Es cierto, que el Templo fue inaugurado en 1965, sin embargo, no se puede esconder, que fue construido su mayor parte en la década de los 50 del siglo XX, cuando tuvo que paralizarse la edificación por falta de recursos económicos, no así los vitrales, que ya los había hecho el maestro vitralista y artista italiano Salvatore.  Su obra dotó de gran luminosidad el interior de este sitio religioso. La combinación del vitral de José Gregorio, con el de San Benito, el Patrono San Pablo Apóstol, San Isidro, patrono de los agricultores y la Virgen, le da a la fachada, una carga importante de simbología católica (Manrique, Oswaldo.  El primer vitral de José Gregorio Hernández. 2019. En: lapuertaysuhistoria.blogspot.com), que era la aspiración de su creador, el padre Ramón Trejo.


El gran devoto del Dr. Hernández.


Una prueba hermosa de la devoción y culto por el beato trujillano, que seguramente desconoce la mayoría de la población, es lo ocurrido en La Puerta, estado Trujillo en Venezuela. A comienzos de los años 40 del siglo XX, fue designado Párroco de nuestra localidad, un hombre con virtudes extraordinarias, dinámico, laborioso de obras religiosas, estudioso, reflexivo, intelectual, culto, amante del arte, que venía de ejercer el sacerdocio en Isnotú y en  los pueblos aledaños a éste, llamado comúnmente el Padre Trejo.  Lo curioso es que cuando comienza su actividad pastoral, cotidianamente dedicaba palabras con mucho fervor  y teniendo como Santo de su devoción, a uno que no era Santo, a un médico nativo de Isnotú, muy caritativo, que había tenido una trágica muerte en Caracas, el Dr. José Gregorio Hernández, y les decía que era su devoto.

Ramón de Jesús Trejo, nació en el 25 de mayo de 1907, en la bonita población de Mucurubá, localizada en las imponentes cumbres que constituyen la Cordillera del Estado Mérida. Integrante de una familia trabajadora, decorosa y católica, como cualquiera de las numerosas que viven en aquellas serranías. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1929, en la catedral de la ciudad de Mérida, con Humberto Corredor  Tancredi, acto que presidió Monseñor Acacio Chacón.

El padre Trejo, hombre culto y de reflexión. Amante de las letras, la poesía, del arte, de un nivel intelectual envidiable y con una sorprendente cualidad oratoria, fue profundo conocedor de la cultura andina, e investigador de la espiritualidad de estos pueblos; fue el que descubrió el talento artístico innato de nuestra pintora Josefa Sulbarán, a la que visitaba frecuentemente en su trabajo pastoral y protagonista de la historia del famoso cuadro del paisaje de Los Cerrillos, que ella elaboró en un pedazo de caja de cartón. Dijo su primera misa el 8 de septiembre de 1929, en Mucuchíes, y predicó en ella el Presbítero José Humberto Quintero, nativo de este lugar, quien con el correr de los años, será Arzobispo coadjutor de la Arquidiócesis de Mérida, con Monseñor Acacio Chacón y primer Cardenal de Veneciuela. A este acto litúrgico, asistió también Monseñor Chacón.

Contando 22 años de edad, tuvo su primer encuentro con un pedazo del idílico paisaje tierra donde pasó su niñez nuestro insigne coterráneo Dr. José Gregorio Hernández. Trejo, se desempeñará como Teniente  Cura en la iglesia de Betijoque, en la época en que estuvo el padre Moncada; aquí comenzó a escuchar en varias ocasiones del “médico de los pobres”, lo que le despertó la sed de información sobre la vida del excepcional laico católico; pasó luego  en su apostolado a la población de  Santiago.

Tuvo una dilatada labor pastoral, desempeñando lo siguiente: en el Libro del Clero, está asentado que antes de ir a Santiago, en calidad de  Párroco, donde estuvo por 4 años, fue ayudante de Monseñor Estanislao Carrillo, en la Iglesia Matriz de Trujillo (Libro del Clero 1 de la Diócesis de Trujillo, página 219); el humilde, sabio y compasivo pastor trujillano.

Cuando tiene 28 años de edad, tiene su segundo contacto con el ambiente Josegregoriano,  le tocó desempeñarse como Párroco en el apartado pueblo de Isnotú, cercano a Betijoque, cumpliendo también labor en El Alto y Sabana Libre, en ese proceso de adaptación y conexión con las creencias y costumbres de los pueblos trujillanos, recogió de la oralidad aldeana, familiares de Jose Gregorio, información sobre la vida, y de miembros de esta comunidad datos de los favores y la obra piadosa del hombre blanco y bondadoso nativo de aquella parroquia, que era medico, el Dr. José Gregorio Hernández; este sería su segundo contacto con ese ambiente espiritual del sitio y de la gente creyente en su prodigioso apostolado.  En 1888, para cumplir con su deuda de servicio con la tierra nativa, ejerció en Isnotú, Betijoque y en Valera, también en Mucuchíes y Mérida,  por unos 7 meses, luego se fue a Caracas, a seguir estudiando e investigando, pero de su actividad caritativa y desprendida en favor de los más necesitados, llegaban siempre noticias a estos pueblos rurales andinos. Todo eso, lo fue valorando el Padre Trejo. 

Comienza así, una de las más preclaras labores pastorales de la región andina, pero no solo eso, sino que comenzó una de las gestiones espirituales extraordinarias, asumiendo como propósito fomentar la devoción por  aquel hombre bondadoso y de fe cristiana.   

Estuvo un tiempo de Párroco en Montecarmelo. Enfermó y se fue a vivir a la ciudad de Mérida, pasó a  Timotes, también como Párroco que lo fue por espacio de 14 años. En La Puerta y Mendoza, fue Párroco durante 26 años.

En virtud de su relación de formación y amistad, tuvo ocasión de analizar la profundidad del pensamiento de Monseñor Chacón, su mentor y guía espiritual, quien expresó en una Conferencia, dictada en el Palacio Arzobispal, denominada “La Iglesia y la Civilización”, en la que entre otras ideas, planteó que, el “Progreso material es el bienestar razonable del cuerpo, el mejoramiento de las condiciones de vida”. Asimismo, que “El progreso intelectual consiste en la difusión de la verdad, de las ciencias y de las artes”. (Guerra Zambrano, Nilson. Monseñor Acacio Chacón Guerra, patriarca de los andes. pág. 64. http://nilsonguerra.com.ve/documentos); y Trejo, junto con estos postulados, a los que honró, en su mensaje, iba incorporando la mención a la vida piadosa del Siervo de Dios.

En 1957, avanzando poco a poco, en su empeño de construir el nuevo templo de San Pablo, recibe la información de Monseñor Chacón, que también da a los feligreses trujillanos, que por decisión de su Santidad Pio XII, se había creado el Obispado del Estado Trujillo, que se materializará en ceremonia a la que asistirá el día 4 de junio de 1957. Esto, por supuesto, le abriría una nueva etapa en su vida pastoral, luego de haber estado por unos 30 años, bajo la guía de Chacón. El primer Obispo de Trujillo, fue Monseñor Antonio Ignacio Camargo.

El padre Trejo, era un hombre de sencillas costumbres, de buen trato, en La Puerta, vivió en la denominada “Casa de Teja”, subiendo por el sector El Viso, ubicada en el lado este del río Bomboy, a pocos metros de La Flecha, punto carretero para continuar a la población de Timotes. La vivienda amplia, cómoda, construida con paredes de tapia, la típica casa andina, en la que el comedor estaba bien iluminado, mesón ancho y rectangular de madera, varias sillas, y un aroma general de fogón y arepa, que invitaba a entrar. Una sala grande donde leía el Padre y recibía las visitas; al frente el patio central con variadas plantas medicinales y ornamentales, cuyas fragancias se complementaban con el calor del sol y el aire fresco y puro de la serranía.   

La entrada, abierta a todos, a pobres y ricos, campesinos y hacendados, caudillos y civiles, donde acudían a procurar consejo u orientación espiritual, o sencillamente necesitados de socorro material, o a compartir de su mesa y sus bienes; así fue el Padre Trejo. Sus días como Párroco de La Puerta concluyeron el 16 de agosto de 1963, cuando fue sustituido por el cura español Mario Castillejo; pero lejos de calmarlo y darle sosiego, le incitaron sus deseos de volver y reencontrarse con su gente. Se fue a vivir a Mendoza, del que no se separaría, y contando con 77 años de edad, tal  como se indica en la página 219, del Libro del Clero 1 de la Diócesis de Trujillo “Descansó en la paz del Señor en la primera hora de la tarde del 17 de julio de 1984, en Mendozael cura emprendedor, y precursor en el Valle del Bomboy, de la devoción popular por el Beato Dr. José Gregorio Hernández.


A manera de Conclusión:


Próximo a la beatificación de nuestro coterráneo, y cumplidos 56 años de la inauguración del hermoso vitral al que nos hemos referido, es oportuno recordar a su creador, y al promotor de la devoción  por el Beato de Isnotú, valorando, difundiendo y exaltando la vida y obra de tan importante personaje y símbolo religioso de nuestra Parroquia.

El 25 de mayo próximo, se cumplirán 114 años del nacimiento del Padre Trejo; confiamos que las autoridades civiles y eclesiásticas organicen el homenaje y recordatorio que tan amplia y justicieramente se merece este Sacerdote ejemplar, admirado ciudadano, quien fue pionero de la devoción por el Beato José Gregorio Hernández, en nuestro valle del Bomboy. 


Nota: mas información, en articulo completo, disponible en PDF, a través de nuestros contactos. 

Portada: fotografía y composición gráfica de Prof. Adriana Manrique.  


La Puerta, abril 2021.

omanrique761@gmail.com 




jueves, 15 de abril de 2021

Adalberto Martínez, el zurdo guerrillero.


Oswaldo Manrique Ramírez.

         Otro de los excéntricos personajes que llegó a La Puerta, en la segunda mitad del siglo XX, fue Adalberto Martínez, a quien apodaban el “Zurdo” o “el Oso” Martínez.  Nació el 24 de abril de 1938, en San Genaro, Municipio San Rafael de Carvajal, Estado Trujillo. Fue criado en Valera por su abuelo Baldomero Rodríguez, un negro con ojos azules,  dueño de muchas casas,  un hombre de ciertas posibilidades económicas, quien le dio comodidades en su residencia de la avenida 6 de Valera, muy cerca de la plaza San Pedro y de la denominada "esquina caliente".

Adalberto, de  joven, asumió la pose de un dandy de los años sesenta en Valera, vestía elegantemente como los mejores galanes de la época, con fluxes Montecristo y usaba zapatos Corfan o los afamados mocasines Tom Mackan.  Eran tiempos de exiguas alternativas culturales, se dedicó a jugar barajas y al billar como distracción y de la forma como le encontraba emoción: apostando. Tenía gusto por el cigarrillo, solo fumaba Viceroy. Estudió la primaria en la escuela Padre Blanco y bachillerato en el Liceo Rafael Rangel, de dicha ciudad.

Adalberto Martínez, el popular “Zurdo”, tomándose un capuchino, año 1970. Adalberto estuvo casado con la señora Flor Rivas, eficiente y preocupada enfermera, colaboradora de la comunidad; procrearon dos hijos: Mary y Carlos. Imágen colaboración del señor Norberto Sánchez. Cronografía N° 3696.

Contó el mismo “Zurdo”, que en una oportunidad, su abuelo Baldomero, buen creyente católico, fue a misa en la Iglesia San Pedro, y escuchó al cura decir que aquellos que no colaboran con la iglesia van a parar al infierno; el viejo siempre mandaba una morocota de oro con Adalberto, quien desviaba la moneda y se iba para los lenocinios de moda como El Dandy, Siboney, Bar Roma y El Hijo de la Noche, éste ultimo, era propiedad del padre de Jorge Méndez, el vecino y abogado; el viejo Baldomero se enteró del destino que le dio el nieto a la morocota, lo agarró, amarró y le echó lo que recordó toda su vida como  “la madre de las pelas”, como hacían antes, para enderezar a los muchachos. Era un joven de la noche, bohemio, enamorador, y siguió visitando a sus enamoradas, lo que en una oportunidad casi le cuesta la vida, cuando el hijo de una de estas damiselas se enteró y le puso un revolver en la cabeza. 

La guerrilla en La Puerta. Detienen al “Zurdo Martínez. 

Preocupado lector, conversador, sarcástico en el debate, inquieto; estudiando en el Rangel, se relacionó con la efervescencia revolucionaria de los adolescentes de Valera, lo embelesaron las ideas marxistas, y se encausó por la lucha popular.

Fue militante de izquierda, en una de las épocas históricas más emblemáticas del país,  la década de la lucha armada en los años sesenta, incorporándose a una de las Unidades Tácticas de Combate (UTC) de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN); ideas y acciones  por las que estuvo preso en la Digepol, policía política del régimen,  al ser  involucrado en una operación expropiatoria realizada por la célula a la que pertenecía, en la población de La Puerta, en la que participaron otros guerrilleros urbanos  trujillanos. Según los planes de la organización guerrillera, la acción financiera, se ejecutaría en un establecimiento mercantil ubicado en la entrada norte de este pueblo, el negocio de mayor bonanza económica, el de un señor descendiente de judíos, terrateniente, dedicado al préstamo agiotista y la comercialización y distribución  de telas y otros rubros en el occidente del país. Un hombre de mucha fortuna, don José Audón Lamus Briceño.       

 Sobre este hecho, recordó Jesús Pacheco, el fontanero de La Hoyada, que él, se la pasaba donde Audón, lo ayudaba y allí comía, también se la pasaban los González, Pablo Enrique “Pipo” y Oswaldo (+), padre del sacerdote Oswaldo González, primer cura nativo de La Puerta; eran jóvenes, ellos vivían en una casa ubicada al frente de donde hubo la irrupción armada. A las siete, se fue a su casa donde su tío Tolentino Pacheco, en la misma avenida Bolívar, como a 150 metros de distancia y al rato, como a las 8, oyó los tiros y la gente se fue acercando donde Audón y éste, salió a la calle con su revolver en la mano, y dentro de su nerviosismo, les decía lo que había ocurrido.

Los guerrilleros llegaron en un vehículo que pararon cerca del hotel, otros iban a pie;  ingresaron en horas de la noche, con mucha dificultad por el garaje donde Audón metía su camioneta; luego cuando estaban todos los complicados, se metieron a la casa y se llevaron la sorpresa que Audón se les enfrentó armado, comentarios señalan que tenía su famoso revolver enchapado en oro y hubo disparos cruzados. Se escucharon varias detonaciones, las familias vecinas de La Hoyada, comenzaron abrir las ventanas para saber qué estaba pasando. Audón no se dejó robar, y los asaltantes le dispararon en la mano para tumbarle el arma, y él les contestó con varios balazos. Ante aquella eventualidad, asustados los guerrilleros, salieron y huyeron, unos se montaron en el vehículo que los esperaba y cogieron en dirección a Valera; quedaron dos, el herido de bala en la pierna, auxiliado por una muchacha, huyeron a pie, como pudieron, saltaron una tapia alta, y fueron a dar al gallinero de una casa vieja contigua abandonada, del antiguo Oratorio de la Guadalupe de indios, del padre Rosario, después fue la casa del coronel Ontiveros; allí se escondieron.

Audón salió a la calle, y los vecinos se fueron acercando; le estaba sangrando la mano, en la que tenía el revólver, pero con el nerviosismo no se dio cuenta y al rato comienza a sentir un dolor en el abdomen, también ahí recibió disparo. Llamaron con  urgencia a Pedro Rodríguez, su chófer, quien vivía en el sector El Molino. Al llegar lo metieron a la camioneta y se lo llevaron a curar a Valera.

La guerrillera que tenía una falda color ladrillo, la rompió, le quitó un pedazo e hizo una banda, poniéndole un torniquete al compañero. Al rato, la joven, abre la ventana de la casa, y la ve un hijo de Esteban Briceño, el de la bodega de la esquina de la Calle 2 con Bolívar. La alarma era colectiva, en eso llegó Ernesto Barrios, que era un hombre alto y fortachón, músico por cierto, y se fue hasta esa casa y de un solo golpe tumbó la puerta de madera. La joven asustada y desesperada, le dijo: - No me vayan a matar,  que ustedes también tienen hijos. El otro guerrillero estaba temblando y herido, escondido en el baño, uno de letrina, donde había un enorme hueco, sin embargo, no les agarraron ningún arma. Los detienen y los entregan a la policía.

Audón, salió herido en la barriga, lo trasladaron a la clínica, y cuentan los viejos vecinos que le pusieron “tripas plásticas”. Sanó rápidamente y volvió a estar al frente de su negocio, lo hacía sentado en un sillón de cuero, en el lado más oscuro del negocio, tenía una mesa, y sobre ella, su revólver dorado. Era su señora Aminta Briceño, quien atendía directamente a la clientela.

Uno de los guerrilleros detenidos “cantó”, y en las investigaciones capturaron a varios de los jóvenes implicados, y particularmente a los directivos de la célula guerrillera, entre ellos, al “Zurdo” Martínez, que estuvo vinculado a esa UTC de Valera, cuando eran unos muchachos estudiantes. 

Posteriormente -según narró Pacheco-, el Tribunal, realizó un acto de reconocimiento judicial y la misma joven detenida fue detallando su versión pormenorizada del hecho. En ese tiempo, las FALN, se dividieron y el PCV, dejó de enviar dinero al Frente Guerrillero José Antonio Páez, comandado por el comandante Fabricio Ojeda. La Comandancia decidió desmontar el frente en las montañas de Trujillo, Portuguesa y Barinas, y los combatientes los  trasladaron a las ciudades, a la lucha política. El primer escollo que tienen que sortear es el que no tenían ingresos económicos para sostener la lucha armada contra el gobierno de Leoni. Concibieron un plan de varias acciones expropiatorias de carácter financiero, entre ellas una en La Puerta, pueblo desasistido policialmente, la vieron fácil.     

Se descubrió, que la joven guerrillera, estudiante, integrante de buena familia, había llegado días antes a La Puerta, por instrucciones de las FALN,  explorando la Jefatura Civil, el puesto de policía y reconociendo el sitio donde se ejecutaría la acción guerrillera, las vías de escape, sitios para enconcharse; al parecer, era quien dirigía la célula subversiva.   

Entre vecinos y amigos, preparando la comilona colectiva, sentados de izquierda a derecha, quien fingió ese día como Chef,  Monche Carrillo, secretario del Tribunal de La Puerta, echando algunos “chirganos” al caldero; atento Enrique Paredes “Montero”, transportista por muchos años  en el Hotel Guadalupe; observando el firmamento el “zurdo” Martínez; atrás, de lentes oscuros,  Benito Suarez, el popular “Guache”,  uno de los más dinámicos exponentes del tenis local.  Imagen colaboración del señor Norberto Sánchez. Cronografía N° 3701.  

La acción financiera en la tienda de Audón Lamus, planificada y ejecutada por células del MIR y PCV, FALN de Valera, había fracasado, no se llevaron nada. A la tienda de Audón, solo le dañaron unas cuantas chaquetas de cuero colombiano, de las que se vendían a 30 bolívares cada una, que era un dineral, fueron perforadas por las balas del enfrentamiento; él las traía del hermano país, cuando enviaba a San Cristóbal la lana que obtenía de su cría de ovejos, que poseía en la finca El Pozo, ubicada en la carretera a La Lagunita,  y aquí las distribuía. En esa misma finca, en la que tenía como encargado al señor Rafael Abreu,  y en otra que tenía cerca de San Pedro, jurisdicción de esta Parroquia, sembrada paja de primera calidad, que enviaba a Barquisimeto, a la fábrica para la elaboración de colchones. La parte agrícola del antiguo Oratorio, zanjones detrás del hotel Guadalupe, mantenía los arboles de caraota amarilla grande, sembradas por los indígenas del padre Rosario; era la caraota que comían en comunidad.

La memoria oral, le agregó, que aquel suceso, no dejó pérdidas graves, porque la presencia de la Guadalupana y del Santo Padre Rosario, amparó a ambas partes, en su antiguo Oratorio.

En La Puerta, El Zurdo” Martínez, encontró lo que quería.  

El estilo elegante, su experiencia citadina y el entusiasmo que le ponía a sus ocurrencias, lo transmitía a los jóvenes de su edad y aun a los mayores, que lo vieron como un maestro, en cuanto a gustos y expectativas. Ya estudiando en la Escuela de Peritos en La Puerta, se fue amoldando, aunque con cierta elegancia, al nuevo entorno, a la aldea que escogió para vivir y hacer familia, como lo hizo. A comienzos de los años sesenta estudió en la Escuela de Peritos de La Puerta, vivió  en una residencia en la calle 2, La Hoyada,  junto a otros estudiantes. Cierto día, en esas excentricidades de Martínez, hizo del cuerpo en una bolsa roja oscura de las que daban en los Automercados CADA, y la guindó en una de las puertas. Llegó el amigo Eccio, vecino y también estudiante, a saludarlo y al ver la bolsa llena, le preguntó:

- “Qué tenés ahí Martínez”. Éste le dijo:

- Son unos camburitos, ¿quieres? El amigo metió la mano, agarró y no fueron cambures, era la pura miasma, imagínense la calentera que cogió   y la enorme carcajada del zurdo.

Impartió clases de inglés en la Escuela de Peritos de La Puerta. Al decir del abogado Jorge Méndez, quien lo conoció desde joven,  realizó curso de este idioma en la isla de Jamaica. Graduado de Perito Agrónomo, se fue a trabajar al INCE de la ciudad de Mérida, donde está un tiempo y regresa a Valera a trabajar en  el Instituto de Capacitación Agrícola (Inagro), y finalmente al IAN, con el que se inserta en el medio rural trujillano, en los asentamientos campesinos creados por la novedosa Reforma Agraria a proveer asistencia y capacitación técnica como mecanismo de desarrollo rural.

Adalberto Martínez, el popular “Zurdo”, en compañía de su pariente Antonio “Toñito” Torres, haciendo pruebas hidrológicas en las aguas de Piedras Negras, en Monay, Estado Trujillo. Martínez, fue durante muchos años perito del Instituto Agrario Nacional (IAN); año 1970. Imagen cortesía del señor Norberto Sánchez. Cronografía N° 3694.  

Según el mismo Méndez, al “zurdo” le gustaba la poesía, apreciaba escuchar la Desiderata en la voz de Luis Gerardo Tovar. Las tardes de los sábados y domingos también, era asiduo escucha de la música del argentino Sandro y de Julio iglesias. Contó que en una oportunidad se fueron a Maracaibo, con Rubén el agüero; el hermano de este, le había dado unos cobres para que le comprara unos interiores o boxer (ropa interior), los tres en la noche salieron a festejar y visitar varios centros nocturnos y se bebieron también la plata de comprar los interiores. Rubén al otro día, muy preocupado le dice a Martínez:

-         ¿y ahora qué hago, qué le digo a mi hermanito? El zurdo que estaba fumándose un Marlboro, le respondió rápidamente:

-         Tengo la solución, le vas a decir cuando llegués a La Puerta, que cuando íbamos pasando el puente sobre el lago, la Guardia Nacional te decomisó los interiores, porque eran material de contrabando.

Tenía afición por la novelística policial, sobretodo la norteamericana, de las cortas, y también las vaqueras de Manuel La Fuente Estefanía, que portaba normalmente en el bolsillo trasero de su pantalón.

En un alto y descanso de la excursión, tres apreciados colaboradores de La Hoyada,  de izquierda a derecha, sentados el gordo Martínez,  y Norberto “Kiko” Sánchez, enseñando la de Chequers, y en la parte de atrás, centro, Enrique Paredes “montero”, año 1970.  Imagen colaboración del señor Norberto Sánchez. Cronografía N° 3697.

Quienes conocimos y compartimos alegres tardes con El “Zurdo” Martínez,  fuimos testigos además de sus bromas y fina jocosidad, de la atención que daba a las personas que lo solicitaban para que fuera a ver sus animales enfermos, mascotas o partos de animales, para vacunarlos, para detectar enfermedades, prepararles formulas, en fin, para asistirlos o para dormirlos cuando sufrían sin posibilidad de curarlos. Un hombre útil, que se requiere en todo pueblo campesino. Estuvo casado con la señora Flor Rivas, nuestra apreciada y diligente enfermera comunitaria, con la que tuvo dos hijos. Murió el 7 de diciembre del 2007, y como costumbre de todo jodedor, cuando lo fuimos a enterrar, se puso tan pesada la urna que hubo que regañarlo y levantarla entre muchos, para poderlo sembrar; esto no me lo contaron. Así era el “Zurdo” Martínez.

La Puerta, abril 2021.

 Omanrique761@gmail.com

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